El norte de Quito no se mira desde un escritorio, se camina.
Se siente en las manos que trabajan, en los rostros que resisten, en las calles donde el pueblo sigue de pie, pese a todo.
Recorrimos los barrios con la misma convicción de siempre: que la política no está en los discursos vacíos, sino en el territorio, junto a la gente que levanta este país todos los días.