Ecuador cumplió las metas del FMI. Traducido: dejamos al país en huesos, con hospitales en ruinas, inseguridad galopante y escuelas abandonadas, para que sus números cuadren. Su éxito es nuestra miseria. El costo de su “cumplimiento” es el saqueo de nuestra nación.
Detrás de estos resultados “positivos” se esconden decisiones que golpean directamente a la vida de millones de ecuatorianos. Reducir el Estado sin proteger a la ciudadanía ha significado menos salud, menos educación y menos seguridad. No se puede hablar de éxito económico cuando la gente vive peor. El verdadero desarrollo no se mide solo en indicadores, sino en la calidad de vida de su población, y hoy esa realidad exige un cambio urgente de rumbo.