Esta es la dinámica permanente en el Pleno de la Asamblea Nacional: mientras al oficialismo le sobra el tiempo, a nosotros nos niegan el uso de la palabra. Silencian la voz de Los Ríos y de miles de ecuatorianos.
No se trata solo de un acto de exclusión política, sino de una vulneración al derecho de representación democrática. Cada intervención negada es una oportunidad perdida para debatir, proponer y defender las necesidades de la ciudadanía. La Asamblea debe ser un espacio de diálogo plural, no un escenario donde se imponga el silencio a quienes piensan distinto.