La Navidad se vive mejor cuando se comparte. En la comunidad de Los Andes, llevamos sonrisas, alegría y esperanza a 100 niños, entregando caramelos y compartiendo momentos llenos de ilusión.
Ver los rostros llenos de emoción de los niños fue un recordatorio de por qué servir y acompañar a la comunidad es tan importante. Cada sonrisa reflejó la magia de la Navidad y el poder de la solidaridad.
Estas actividades fortalecen los lazos comunitarios y demuestran que, cuando se comparte con amor, la Navidad se convierte en un tiempo de alegría, unión y esperanza para todos.