
Hoy, a 203 años de la Batalla de Pichincha, no basta con hacer una ceremonia o recordar en silencio. La memoria debe ser un llamado a la lucha constante. Una lucha contra el olvido, contra la traición y contra el poder que se arrodilla ante intereses que no son los del pueblo.

Tuve el honor de participar en la sesión solemne por los 203 años de la Batalla de Pichincha, realizada en la Casa Somos de Chillogallo, una parroquia que respira historia, lucha y dignidad popular.
Este encuentro no solo rindió homenaje a nuestra gesta libertaria, sino que reafirmó el poder de la memoria y la comunidad organizada.