
Hoy siento una mezcla de indignación profunda y dolor en el alma. Lo que ocurrió con Aidita Ati no puede quedar en el silencio. No puede ser parte de esa larga lista de injusticias donde el poder calla y la impunidad grita más fuerte.

Este día marcará un antes y un después en la defensa de los derechos laborales en Ecuador. Desde la Asamblea Nacional, dimos un paso histórico para proteger a quienes más lo necesitan y han sido olvidados por años.