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Los jóvenes ponen su marca en la política En la puerta de la refrigeradora, las fotografías de sus familiares se mezclan con imágenes de Simón Bolívar y de Hugo Chávez. Este detalle es, apenas, una muestra de que para Diego Vintimilla la política es más que una afición: es parte esencial de su vida. Con 24 años, es el asambleísta más joven en este periodo. Llegó en representación del Azuay, gracias al acuerdo entre Alianza PAIS y el Partido Comunista, donde milita desde los 17 años. Su look desenfadado contrasta con la seriedad de sus tesis: "La política desde la juventud no es hacer política para ese grupo, ni que un joven haga política (...). Se trata de mostrar que hay nuevas formas de ejercer los cargos". Y él, por ejemplo, no quiere marcar la distancia que suele haber entre un funcionario y la gente. Por ello, desde que asumió la curul, dice que no ha cambiado su forma de ser. Se transporta en Ecovía para llegar a la Asamblea, mantiene un trato informal, y luce jean y camiseta en el plenario. Esa apariencia le costó que, en los primeros días en funciones, los policías le impidieran el paso al recinto legislativo. María Cristina Kronfle (Madera de Guerrero) conoce cuánto puede sorprender a la gente que un joven ostente un cargo tan relevante. Ella lo vivió. A los 21 años llegó a la Constituyente de Montecristi en representación del Guayas. En el periodo pasado, también fue la legisladora más joven. En esta ocasión integra el grupo de veinteañeros en el Parlamento. Que ahora sean más, para ella, es positivo: "una señal de que la ciudadanía está confiando en cuadros jóvenes". Esa confianza se debe, considera, al trabajo realizado. En estos años, por ejemplo, Kronfle impulsó la Ley de Discapacidades. La labor legislativa, le deja poco tiempo para otras actividades. Cuenta, entre risas, que le ha "bajado mucho a la farra". Pero insiste en que vale la pena. No es la única que ha relegado tareas. Lautaro Sáenz, representante de Los Ríos, no tiene tiempo para practicar baloncesto. Es su deporte favorito. Incluso, fue seleccionado provincial. Pero ahora, cuenta el asambleísta de 26 años, sus jornadas transcurren entre sesiones plenarias y de comisiones. Él está contento iniciándose en la política. PAIS, resalta, le dio la oportunidad. Previamente, estaba concentrado en la dirigencia deportiva. Ahora, su primer cargo de elección popular "representa un constante aprendizaje", dice. Sáenz se trasladó a vivir a Quito. Y viaja, los fines de semana, a su provincia. Una dinámica a la que su esposa y sus dos hijos están acostumbrándose. Ese apoyo, resalta, es clave para seguir trabajando. El respaldo familiar también ha sido el pilar de Denisse Robles (PAIS). Lo dice la asambleísta de 26 años cumplidos. Aunque joven, no es novata en la política. Desde 2007 estuvo vinculada al trabajo social y, en 2009, fue electa concejala del cantón Milagro (Guayas). La política que se hace desde los gobiernos seccionales, dice ella, dista mucho de la dinámica legislativa. "Los proyectos no son hechos para beneficio de un sector en particular, sino para toda la ciudadanía". Y en esa construcción, agrega Robles, los jóvenes pueden aportar con otras visiones. Betty Jerez (PAIS), comparte ese criterio. Con 26 años es la más joven representante de Tungurahua. Fue teniente política de la parroquia Salasaca y creía que llegar a la Asamblea era un sueño muy difícil de lograr. La veía como "un espacio que, históricamente, ha estado negado para los jóvenes y para los indígenas", sostiene. Ahora está ahí y cumplirá ese reto a cabalidad, indica. No solo habla a título personal, sino resaltando que los jóvenes tienen claro "que no vamos a repetir los vicios políticos que había en el ex Congreso". A ella, como al resto de consultados, les queda por delante cuatro años de funciones para demostrar que la juventud puede dar un giro a la política.