Hablo con profundo respeto por nuestra Constitución — esa que hoy algunos intentan deslegitimar.
Con convicción, defiendo que la reforma a la Ley Orgánica de Movilidad Humana debe unir dos pilares fundamentales: la seguridad del Estado y la dignidad de cada persona migrante, sin importar si migró por decisión o necesidad.
Este Pleno tiene el deber de garantizar que toda legislación migratoria respete la jerarquía constitucional, los tratados internacionales, las garantías procesales… y sí, los derechos humanos. Aunque a muchos no les guste esa palabra.