Con el objetivo de cerrar vacíos legales que han generado interpretaciones discrecionales y posibles escenarios de corrupción, el asambleísta por Imbabura, Pablo Jurado, presentó un proyecto de reformas a la Ley Orgánica de la Contraloría General del Estado, resultado de un proceso técnico de análisis e investigación sobre el funcionamiento del control estatal.
La propuesta plantea delimitar con claridad el alcance de la atribución que tiene la Contraloría para absolver consultas, estableciendo que sus respuestas constituyan una orientación técnica y preventiva, y no un pronunciamiento vinculante. Este cambio permitiría que las entidades públicas y privadas sujetas a control actúen con mayor certeza jurídica, sin temor a sanciones derivadas de interpretaciones posteriores.
Jurado ha señalado que la iniciativa busca fortalecer la lucha contra la corrupción desde la prevención, garantizando que los servidores públicos puedan tomar decisiones informadas, eficientes y ajustadas a derecho, sin exponerse innecesariamente a responsabilidades administrativas, civiles o penales por criterios ambiguos.
El proyecto incluye reformas en temas sensibles como las atribuciones de la Contraloría, los plazos y contenido de sus resoluciones, los recursos de revisión, la caducidad de las facultades de control y la responsabilidad derivada del silencio administrativo, con el propósito de consolidar un Estado más transparente, justo y eficiente.
Soy Pablo Jurado, nací en Ibarra el 6 de febrero de 1961 y desde entonces mi vida ha estado ligada a esta tierra que tanto quiero: Imbabura. Vengo de una familia honorable, de esas que te enseñan a valorar cada logro y a nunca olvidar de dónde vienes. Me eduqué en el Colegio Teodoro Gómez de la Torre y luego llegué a la Universidad Central del Ecuador, donde me gradué como licenciado en Ciencias de la Información.
Mi primera pasión fue el periodismo. Empecé como periodista deportivo en varias radios de Ibarra y Quito, con la emoción de un joven que soñaba en grande. Después llegaron los diarios El Comercio en Quito y El Norte en Ibarra, donde pude escribir y compartir mis ideas con la gente. Ese amor por la comunicación me llevó incluso a ser presidente del Colegio de Periodistas de Imbabura y de la UNP.
Con el tiempo, la política me encontró. En 1981 me afilié a la Izquierda Democrática y, desde entonces, fui aprendiendo desde abajo: jefe de Relaciones del Municipio de Ibarra, jefe del IECE, consejero alterno, secretario del Consejo Provincial… Cada cargo me enseñó algo distinto, pero todo me reafirmó que lo mío era trabajar por la gente.
La confianza de mis conciudadanos me llevó a ser concejal en 1996 y en 2002, y en ese último periodo me nombraron vicealcalde. En 2004 la vida me regaló un gran honor: ser elegido alcalde de Ibarra. Allí confirmé que gobernar no es mandar, sino escuchar y servir.
Años más tarde, en 2014, hombres y mujeres de Imbabura me eligieron prefecto. Fueron años de mucho trabajo, donde mi prioridad fue abrir caminos, mejorar la vialidad, impulsar proyectos de riego y darle nuevas oportunidades a nuestra provincia. En 2019 volví a recibir el respaldo inmenso en las urnas y, poco después, tuve el privilegio de presidir el Consorcio de Gobiernos Provinciales del Ecuador por dos periodos consecutivos.
Ahora, en 2025, el destino me puso otro reto: ser asambleísta por Imbabura con el Movimiento Construye. Asumo con la misma convicción que me ha acompañado toda la vida: hacer política no es un privilegio, es un compromiso con la gente.
Soy periodista, abogado, magíster en Derecho Constitucional, pero, por encima de todo, soy un ibarreño agradecido, un hombre que nunca olvida que cada paso que ha dado lo debe al cariño, la confianza y la esperanza de su pueblo. Simplemente, soy el amigo Pablo.