

Como asambleísta, asumimos con firmeza nuestra responsabilidad de estar en territorio, de escuchar directamente a nuestros productores y de actuar frente a las amenazas que enfrentan. En Tungurahua, junto a nuestros apicultores, evidenciamos una realidad preocupante: la competencia desleal generada por mieles adulteradas y ceras importadas de bajo costo que ingresan al mercado, distorsionan los precios y ponen en riesgo el sustento de cientos de familias ecuatorianas. Nuestro deber es claro: proteger la producción nacional, fortalecer a nuestros sectores estratégicos y legislar con decisión para que el trabajo honesto del Ecuador jamás sea desplazado por prácticas que atentan contra nuestra economía y nuestra gente.
Y entonces, nos acercamos al corazón mismo de esta historia: los panales.
El aire tenía una textura distinta… viva, vibrante, casi sagrada. El sonido constante de las abejas no era ruido; era un lenguaje antiguo, un código de trabajo, de comunidad, de resistencia. Nos colocamos el traje con respeto, con humildad, conscientes de que estábamos entrando en un espacio donde la naturaleza y el esfuerzo humano conviven en equilibrio perfecto.
Cada paso era una revelación. Cada movimiento, un acto de confianza. Y cuando finalmente sostuvimos el panal entre nuestras manos, sentimos el peso real del trabajo ecuatoriano. La miel brillaba bajo la luz, espesa, dorada, perfecta. No era solo miel. Era tiempo. Era sacrificio. Era esperanza convertida en sustento.
Miramos a nuestros apicultores a los ojos. En sus miradas encontramos orgullo… pero también preocupación. Porque mientras ellos trabajan con honestidad, otros intentan inundar el mercado con productos falsos, sin alma, sin origen, sin verdad. Y comprendimos que este no es solo un problema productivo. Es una lucha por la dignidad.
Nos quedamos allí, respirando ese instante. Escuchando. Aprendiendo. Entendiendo que cada abeja, cada panal, cada productor, es parte de un país que resiste en silencio, que construye todos los días, que no se rinde.
Desde la Asamblea Nacional, reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable de defender a nuestros apicultores y a todos los productores del Ecuador. No permitiremos que intereses externos debiliten nuestra economía ni que productos adulterados vulneren el fruto del trabajo ecuatoriano. Vamos a impulsar acciones firmes, vamos a legislar con responsabilidad y vamos a estar siempre del lado de nuestra gente, porque proteger lo nuestro no es una opción: es nuestra obligación.
Asambleísta Electa por la Provincia de Tungurahua

Doménica Carolina Escobar Galarza, asambleísta electa por la provincia de Tungurahua, es una voz apasionada que emerge del corazón de su comunidad. Con una sólida formación en Comunicación Social y en camino hacia su título en Jurisprudencia, Doménica combina su amor por las palabras con un profundo compromiso con la justicia social. Su trayectoria está marcada por un deseo inagotable de empoderar a quienes a menudo no son escuchados, generando espacios inclusivos donde cada opinión cuenta. Ella cree que la política puede ser una herramienta de transformación, y está decidida a utilizar su plataforma para crear un entorno donde la equidad y la transparencia no sean solo ideales, sino realidades palpables para todos.
Como asambleísta, Doménica no solo representa a los ciudadanos de Tungurahua, sino que se convierte en su aliada en la búsqueda de un futuro más justo y equitativo. Está comprometida a fomentar un diálogo abierto y constructivo, impulsando leyes que realmente reflejen las aspiraciones de su gente. Su visión es clara: construir una sociedad donde la cultura, tradiciones y sueños de cada ecuatoriano se vean reflejados en una realidad compartida. Juntos, bajo su liderazgo, nuestros logros se transforman en triunfos colectivos, y cada paso hacia adelante se convierte en una celebración de nuestro potencial como comunidad.