Hoy, presentamos el proyecto de Ley de Protección, Fomento y Comercialización del Tejido Tradicional del Sombrero de Paja Toquilla, una iniciativa que busca salvaguardar, fortalecer y asegurar la sostenibilidad de este oficio ancestral, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El proyecto tiene como objetivo proteger, fomentar y regular la producción, comercialización y exportación de los sombreros elaborados con la técnica tradicional de tejido de paja toquilla, con el fin de preservar este legado cultural y mejorar las condiciones socioeconómicas de las y los productores tejedores en todo el país.
La normativa establece un marco integral que reconoce al tejido tradicional como una actividad esencial de la Economía Popular y Solidaria, promoviendo la organización formal de los productores y su inscripción en el Registro Único de la Economía Popular y Solidaria (RUEPS). Además, impulsa mecanismos de certificación de autenticidad y la ejecución de políticas públicas orientadas al fortalecimiento de toda la cadena productiva.
La propuesta reconoce también los derechos de las y los productores tejedores a acceder a programas de capacitación, participar en ferias nacionales e internacionales, recibir protección frente a prácticas comerciales fraudulentas y transmitir sus conocimientos ancestrales de manera voluntaria. Además, incorpora un régimen de control, infracciones y sanciones para proteger la integridad del tejido tradicional, evitando su falsificación, la apropiación indebida del conocimiento ancestral o el uso no autorizado de la denominación de origen.
Este proyecto es resultado del diálogo directo con tejedores de Cañar y Azuay, quienes manifestaron sus principales problemáticas, especialmente la injusta intermediación y la pérdida de identidad del producto en los mercados internacionales, donde se comercializa como “Panamá Hat” pese a ser una creación ecuatoriana.
Con esta normativa buscamos fortalecer su organización, mejorar sus ingresos y asegurar que el valor de su trabajo, cuyo tejido muchas veces se vende por apenas cinco dólares, retorne justamente a quienes lo producen, dotándolos de herramientas institucionales para regular costos, procesos de comercialización y exportación, y así dignificar su arte y su sustento.