El asambleísta Franklin Samaniego, representante de la provincia de Pichincha, presentó un proyecto de ley que busca reconocer e integrar los derechos de la naturaleza, de los animales y el bienestar animal dentro del sistema educativo ecuatoriano, como parte de una política pública orientada a fortalecer la educación ambiental.
La iniciativa propone incorporar estos enfoques en proyectos ambientales educativos, programas institucionales y herramientas pedagógicas, en el marco de la Estrategia Nacional de Educación Ambiental.
Entre las propuestas, se establece que el ente rector de educación y la autoridad ambiental nacional deberán emitir lineamientos curriculares que aseguren la inclusión de estos principios en todos los niveles educativos. Asimismo, se plantea que la educación ambiental sea un eje transversal obligatorio, articulado desde la educación inicial hasta la superior, incluyendo su incorporación en mallas curriculares y prácticas profesionales.
También se enfatiza la interdependencia entre el trato ético a los animales, la conservación de los ecosistemas, la salud y el bienestar humano, en concordancia con el principio constitucional del Buen Vivir. Según la exposición de motivos, esta iniciativa responde a un imperativo moral y legal que busca formar generaciones comprometidas con la justicia ambiental y la convivencia armónica con la naturaleza.
Samaniego destacó que el proyecto surge del trabajo conjunto con organizaciones sociales y colectivos animalistas como PAE, Poliperros y Fundación Pepón, entre otras, así como del aporte de la Academia.
El legislador subrayó que el maltrato animal constituye un factor asociado a la violencia social, por lo que educar en empatía y respeto hacia los animales también representa una estrategia de prevención a largo plazo en materia de seguridad ciudadana. En este sentido, criticó que la educación ambiental no puede limitarse a acciones aisladas, sino que debe consolidarse como un proceso estructural dentro del sistema educativo.
Como parte del acto, se rindió homenaje a “Max”, un perro comunitario cuyo legado contribuyó a procesos de sensibilización en espacios académicos, evidenciando el impacto de la educación en bienestar animal.
RSA