Delegados de los ministerios de Relaciones Exteriores y del Ambiente, en la sesión 160 de la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales, coincidieron en destacar la trascendencia de la ratificación del Convenio de Minamata sobre el Mercurio, cuyo objetivo es proteger la vida humana y la naturaleza.
Diego Morejón, de la Cancillería, recordó que entre 1932 y 1936 una fábrica de ácido acético de la Corporación Chisso, de manera oculta y sistemática, arrojó en la bahía japonesa de Minamata líquidos residuales que contenían elevadas concentraciones de metilmercurio, lo que fue consumido por los peces y mariscos que, a su vez, formaban parte de la dieta de los pobladores, quienes con el tiempo sufrieron graves deformaciones genéticas.
Este grave problema, cincuenta años después, generó la implementación de acciones multilaterales, entre ellas el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente que despertó un abierto interés en trabajar en un instrumento que sea vinculante y permita controlar la explotación indiscriminada y el mal uso del mercurio, afirmó.
El tratado beneficia al Ecuador en cuanto abre posibilidades de identificar a las poblaciones en situación de riesgo, impulsa atención médica global, imparte una mejor información profesional de la salud y tratamientos efectivos por los temas derivados del mercurio, expresó. Se puede, además, acceder a apoyo financiero, técnico, tecnológico, de capacidad, en especial de los países en desarrollo, sostuvo.
Puntualizó que Estados Unidos casi nunca firma nada, siendo reacio a cuestiones ambientales, pero a pesar de no haber estado en la conferencia que se convocó para la firma del convenio, lo suscribió y actualmente lo ha ratificado; 128 países son signatarios del mismo, agregó.
En la próxima Asamblea General de Naciones Unidas, que se celebrarse el 24 de septiembre, se prevé realizar la ceremonia de depósito o entrega de este importante documento, a fin de darle el nivel de efectividad que se merece, concluyó.
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