El 6 de mayo de 2014 fue tal vez un día memorable para Ecuador. Y de paso se convirtió en una de las fechas que puso el antes y el después en lo que tiene que ver con la igualdad en el país. Ese día, en el Pleno de la Asamblea Nacional se aprobó la Ley de Consejos Nacionales para la Igualdad, que instauró la creación de políticas públicas para garantizar la igualdad de las personas, comunas, comunidades, pueblos, nacionalidades y colectivos.
Esta ley, sumada a las de Comunicación y a la de Justicia Laboral, se convierte en tres ejemplos que evidencian que la defensa de los derechos de la mujer, la equidad de género y la interculturalidad, son ingredientes vitales para una convivencia más armónica.
Durante años las calles de Otavalo y de Ibarra, en la provincia de Imbabura, escucharon los gritos y sintieron los pasos de Ximena Encalada Valenzuela. Cuando tenía 16 años y estudiaba en el Colegio República del Ecuador empezó a exigir por los derechos de las mujeres, junto a un grupo de activistas, que con carteles en mano pedían equidad, igualdad de género y respeto. Hoy tiene 48 años, tres hijos, una carrera de periodista de más de 25 años y mira con entusiasmo los avances logrados en Ecuador, pero dice que aún queda mucho por hacer, todavía siente que a pesar de que los derechos están en el papel, la gente no los exige.
“La lucha para conseguir lo que hoy existe en el país fue dura. Era una odisea que se libraba en las calles, porque no habían las libertades que existen en la actualidad para decir lo que uno piensa. Especialmente para las mujeres, todavía es una batalla que tenemos que enfrentarla en todos los ámbitos, porque aunque empezamos a cambiar el chip, aún existen rezagos de discriminación”, dice Ximena.
En sus años en el periodismo, Ximena Encalada pasó por todo tipo de peripecias. Nunca imaginó que en el país se discutiría una Ley de Comunicación. “La intención fue buena, pero los medios de comunicación no estaban listos para acatar ciertas normativas, como la mejora de salarios para los profesionales de la comunicación”, relata mientras recuerda la forma como de manera legal cometieron ilegalidades en el medio impreso para el que trabajaba. Ahí, dice, “no se cumplió la ley”.
Con grabadora en mano, cámara fotográfica en el cuello y el olfato periodístico, Ximena conoció de cerca la realidad de las mujeres de diversas comunidades de Imbabura, una provincia con alta población indígena y negra, ahí las mujeres no tenían voz, nadie las escuchaba y solo se dedicaban a las labores del hogar o las del campo, pero siempre bajo la sombra de los varones. “Ese es un logro, el que en las comunidades ahora existan organizaciones lideradas por mujeres, el que ellas tengan una mentalidad diferente y sepan que no hay diferencias, entre varones y mujeres, más que las mentales”.
El giro de los medios de comunicación
También miró y ha sido parte del giro que experimentaron los medios de comunicación después de la aprobación de la Ley de Comunicación en Ecuador, especialmente en la producción de programas de televisión, la publicidad y las radios comunitarias. Dice que es un avance el regular la programación con contenidos sexistas, racistas y discriminatorios.
“Empezamos a entender el respeto hacia el otro, los periodistas cuidamos más lo que decimos y cómo lo decimos y ahora nos ponemos en los zapatos del otro antes de hacer una publicación”, dice, aunque asegura que a pesar de que los medios de comunicación nacionales están bajo ese control, la parrilla de televisión pagada y la Internet, aún se salen de las manos.
“Es otro logro, y de los grandes, el haber ampliado el espectro radioeléctrico, porque las mujeres de las comunidades hoy solicitan frecuencias de radio, para poner al aire propuestas de diversa índole y se convierten en voceras de temas nacionales y propios, de los que antes no podían hablar ni ser protagonistas, más que para las fotografías amarillistas de los medios impresos”, explica.
Para Ximena, el camino avanzado en Ecuador es un referente para otros países. “Cuando mis hijos me preguntan qué he ganado con tantos años de esfuerzo, yo les digo que mi premio es verles que ejerzan una profesión sin ningún tipo de discriminación y que vivan en un país en donde puedan exigir derechos. Veo un país con más libertad, un país de oportunidades, porque las crisis solo son mentales”.
MC/pv