Con el fin de evitar una grave crisis económica y social de los pescadores del país, el asambleísta Gozoso Andrade presentó un proyecto de ley que impida a la gran flota pesquera que deprede los recursos naturales dentro de las ocho millas náuticas.
El proyecto, que reforma la Ley de Pesca y Desarrollo Pesquero, establece que la pesca artesanal está reservada exclusivamente a los pescadores nacionales que se dedican a esta actividad dentro de las ocho millas náuticas medidas desde la línea de perfil costanero continental ecuatoriano.
La norma prohíbe, so pena de las sanciones administrativas, civiles y penales vigentes en el país, que los tripulantes de barcos pesqueros industriales de gran calado desarrollen actividades productivas y de explotación dentro del área determinada. La autoridad del ramo se encargará de vigilar por el cumplimiento de esta norma.
Según el proyecto, el Ministerio de Agricultura expedirá el reglamento correspondiente para establecer la zonificación del perfil costanero que permita la pesca artesanal dentro de las ocho millas marinas; y, definirá las especificaciones técnicas para la recategorización de las embarcaciones artesanales, sobre la base de un censo para determinar el número de embarcaciones en cada puerto.
La zonificación pesquera debe indicar con claridad que las embarcaciones de red de cerco que tenga eslora de más de quince metros deben pescar fuera de las ocho millas náuticas.
En su propuesta Gozoso Andrade argumenta que existen empresas procesadoras de harina y aceite de pescado que pescan con embarcaciones de metal o hierro que van de 120 a 300 toneladas con red de cerco de jareta, cuyo largo es de 450 brazadas y 70 brazadas de profundidad, con sistema hidráulico, lo que altera, perjudica y afecta el modo y los medios casi rudimentarios con que los que se realiza la pesca artesanal.
Aseveró que existe una competencia absolutamente desleal y desproporcionada para capturar especies más allá de las ocho millas marinas.
Por último, sostuvo que la pesca artesanal es una forma de vida productiva, digna y sacrificada para más de 65 mil ecuatorianos, con un impacto de relación directa en no menos de unas 200 mil personas, que se dedican a este oficio a lo largo de toda la costa continental y en el Archipiélago de Galápagos.
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