En Zaragoza tuve la alegría de compartir con niños, jóvenes y adultos la pasión por el fútbol, en un espacio donde se fortalecen la amistad, el trabajo en equipo y el orgullo por nuestras raíces. Fue un momento de encuentro que permitió conectar a distintas generaciones alrededor de un mismo sentimiento de identidad y pertenencia.Más allá de los resultados, estos espacios deportivos contribuyen a construir comunidad, promover valores y generar integración.