Mientras algunos intentan negociar con la naturaleza, desde el territorio hemos sido claros: el agua no se vende, se defiende. El proyecto minero impulsado por el gobierno de Daniel Noboa representa una amenaza directa para las fuentes hídricas de Cuenca, Azuay y del país entero.
Quimsacocha no es solo un territorio. Es vida, es agua, es el sustento de miles de familias. Permitir actividades extractivas en esta zona pone en riesgo ecosistemas estratégicos y el derecho de las comunidades a decidir sobre su futuro.
Hoy más que nunca reafirmamos nuestra postura: no vamos a permitir que intereses económicos se impongan sobre la vida.
La defensa del agua es la defensa de la dignidad.
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